Casares, en la provincia de Málaga, en la parte occidental de la Costa del Sol, tiene 8.984 habitantes. De ellos, aproximadamente un tercio son extranjeros, repartidos en tres núcleos de población.
El pueblo blanco, situado en el interior a 359 metros de altitud, es la cuna de Blas Infante, el padre del nacionalismo andaluz. Su casa, en Carrera 51, es hoy un pequeño museo gestionado por la Junta de Andalucía. Casares Costa, la franja litoral, concentra aproximadamente a la mitad de la población. El pueblo acoge a una cuarta parte y el tercer núcleo, Secadero, al resto.
El pueblo y la costa están separados por unos doce kilómetros y veinte minutos, y son lugares muy distintos para vivir. La AEMET no publica valores normales a largo plazo para esta costa, por lo que las cifras de referencia proceden del aeropuerto de Málaga, a cien kilómetros al este y a nivel del mar. Allí, los días de enero rondan los diecisiete grados y los de agosto, los treinta y uno. El pueblo, al estar a mayor altitud, es más fresco. En la llanura costera se encuentran las urbanizaciones de golf, los bloques de apartamentos en primera línea de playa, el hotel y spa Finca Cortesín y los Baños de la Hedionda, unos manantiales sulfurosos que se cree que son de origen romano.
Casares no es para todo el mundo. Quien necesite un hospital, un colegio internacional o un centro urbano al que poder ir andando debería comprar en Estepona, la ciudad más cercana, situada justo al este. Los que busquen un puerto deportivo encajarán mejor en Manilva, junto a Puerto de la Duquesa. Los compradores que quieran la exclusividad de una urbanización cerrada y con servicios pagarán más por Sotogrande. Y los puristas de los pueblos blancos quizá prefieran Gaucín, más adentrado en la sierra.